sábado, 2 de octubre de 2010

Platillos volantes

Debry, Peter, Platillos volantes, Servicio secreto, nº 54 , Bruguera, Barcelona, 1951, portada de (presumiblemente) Provensal
Buena novela policíaca donde un agente del FBI se enfrenta a dos bandas de peligrosos rufianes jugando un peligroso juego de máscaras que está a punto de acabar con su vida.
Mary Ferguson es una hermosa maniquí, algo soñadora, que vive en Chicago junto a su hermano, Mervin, piloto de helicópteros. Un día al volver a casa se encuentra un vagabundo, Derek Garfield, desaliñado pero atractivo, con el que intercambia unas palabras; al llegar a casa se encuentra con que su hermano está hablando con un hombre de negocios, Henry Dudley, quien le propone dejar su trabajo de aviador para entrar a su servicio. Va acompañado de un matón, Guntry, y al comentar la presencia del vagabundo, el matón recibe la orden de ir a darle una paliza pero en el enfrentamiento el aparente mendigo le vence con facilidad. En realidad ese mendigo es un agente del FBI que está siguiendo los pasos de Dudley, lugarteniente del gangster Joe Tampa al tiempo que otro agente amigo de Garfield, el agente John Saunders, sigue los tejemanejes del mafioso Bernstein pues parece claro que éste quiere aprovecharse del golpe que, se supone, está preparando Tampa. Garfield intenta engatusar a Bernstein haciéndose pasar por delincuente pero al saber que éste le ha descubierto, y poco después de que muera Saunders en un enfrentamiento con Guntry, desvela a Bernstein su condición de agente federal y su voluntad de participar en el golpe para hacerse rico y abandonar el mundo de la policía. Al mismo tiempo, Garfield se gana la confianza de Mervin Ferguson y de su hermana, de la que empieza a enamorarse, y al hacerse pasar por técnico en electricidad consigue que Mervin le escoja como su hombre de confianza para el trabajo que le propone Dudley. Una vez aceptado este trabajo, Tampa les explica que lo que van a llevar a cabo es un gran robo en el que, gracias a los helicópteros, van a sembrar el terror y el caos en la ciudad de Chicago aparentando una invasión de platillos volantes que irá acompañada de intervenciones radiofónicas que imiten lo que consiguió Orson Welles con La guerra de los mundos. Garfield desarrolla un peligroso e individualista juego a cuatro bandas -agente del FBI, hombre de confianza de Melvin, participante en el asalto a los bancos que propone Tampa y espía al servicio del mafioso Bernstein- que se resuelve bien de forma casi milagrosa: aunque el asalto y el caos en Chicago resultan un éxito, las bandas mafiosas se eliminan entre sí y Tampa es asesinado y Bernstein condenado a cadena perpetua. Mervin, que había aceptado participar al explicarle Garfield que era agente del FBI, vuelve a su antiguo empleo de piloto, Garfield decide abandonar su condición de agente para poder llevar una vida tranquila al lado de Mary que decide abandonar las fantasías que nacían de leer Los tres mosqueteros y convertir en su lectura favorita los manuales de puericultura.
La novela tiene interesantes elementos, especialmente los articulados alrededor de la figura de Garfield, “cuyo sentido del deber vaciló” (pág. 143) y a su complejo juego de identidades; el novelista consigue hacer fluida una trama compleja donde el protagonista tiene diversas personalidades y juega a despistar a todos los otros personajes de la narración. Muy sugerente resulta también la referencia a Orson Welles, “Un hombre muy cerebral que se ganó la fama con un truco de gran rsultado. Escribió un guión radiofónico, en el que fingía una invasión de Nueva York por los marcianos...” (pág. 92).